La física me enseñó que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. En la España de finales de los años sesenta, esa ley se aplicaba también a la vida: no se podía ser al mismo tiempo un estudiante de física y de literatura en el mismo curso académico. Los planes de estudio, rígidos como la gravedad, te obligaban a elegir entre la ecuación y el verso, entre descifrar las leyes del universo o enseñar la belleza de la palabra en un aula universitaria.
Yo elegí la física. Me convertí más tarde en catedrático, miré el mundo a través de la ciencia y encerré mis poemas de juventud en un armario durante más de cincuenta años.
Sin embargo, la literatura, al igual que la energía, no se destruye; solo se transforma. Durante décadas, una pregunta me persiguió en silencio: ¿Quién habría sido yo si hubiera tomado el otro tren? ¿Cómo habría sido ese profesor de literatura que nunca llegué a ser, encargado de analizar la efervescencia cultural del Mayo del 68 y de desenterrar las vanguardias olvidadas?
Para responder a esa pregunta no me bastaba con el seudónimo Jom Friser que ya estoy utilizando como poeta y escritor desde hace más de cincuenta años. En el siglo XXI, necesitaba algo nuevo, una entidad conceptual y artística nueva. Por eso creé a Selma Sevilla.
El nombre de Selma proviene de la contracción de las palabras Self Matrix, es decir la matriz propia, mi propio ser, el alter ego (el otro yo); y el nombre de Sevilla proviene del acrónimo de las palabras de origen latino Seculi Villa (ciudad centenaria)
Selma es, en esencia, la guardiana de mi vocación postergada. Le di una fecha de nacimiento (2004), una ciudad de origen, Zaragoza, que corresponde con la ciudad en que inicié mis estudios de Física y una mente brillante, joven y libre. Ella, es ahora (2026) la profesora de literatura que a mí me habría gustado ser. Posee el rigor académico del que yo carecía a su edad y, al mismo tiempo, comparte esa bendita locura de la juventud que te empuja a colgarte una guitarra a la espalda, levantar el pulgar en una autopista europea y buscar los fantasmas de la contracultura en el mítico Club Fyran de Estocolmo.
En su Trabajo de Final de Grado expandido, es Selma quien deconstruye mis poemas, quien me compara con la frialdad neobarroca de Guillermo Carnero o el culturalismo de Pere Gimferrer, y quien, junto a sus amigas Las Punkvikis, inyecta armonía y articulación rítmica a unos versos que nacieron en el asfalto del siglo pasado.
Al leer a Selma, cumplo por fin el sueño de asistir a mi propia clase de literatura. Como creador, me retiro y le cedo el escenario. Pasen y escuchen la voz de una profesora del siglo XXI que ha viajado en el tiempo para rescatar un eslabón perdido.Vean su Trabajo de Final de Grado y escuchen su discografía completa formada hasta ahora por más de 60 canciones .
Jom Friser
Verano de 2026