PRÓLOGOS de Montserrat Cufí y Lluís Martí
Como he indicado antes, en el año 2016 di a conocer una versión en catalán reducida de algunos poemas de «En la Ruta E4» con el título: «Isomeries Poètiques (1967-1968-1969-1970). De la contracultura a la física teórica». ISBN: 978-84-608-5552-1 (2016) que se presentaron en un acto en la Biblioteca de Figueres.
En aquella edición, encabezaba el poemario un prólogo de la poetisa Montserrat Cufí Adroher [13], que se había leído acuradamente todos los manuscritos originales.
En esta Antología, he creído oportuno incorporar aquel prólogo, que resume en cierto modo el espíritu de aquellas poesías de mi primera etapa. El título del prólogo era: «Camí de tornada». Estaba escrito en catalán, y me he permitido traducirlo al castellano para que el lector, aquí, pueda interiorizar mejor su contenido.
En la citada edición de 2016 también figuraba un segundo prólogo, en este caso del profesor de Literatura Luis Martí Ramis, del Instituto Ramon Muntaner de Figueres, quién tuvo la amabilidad y gentileza de revisar el manuscrito en catalán. En los últimos años, fue jefe de estudios del Bachillerato Nocturno, y tuve el gusto de compartir con él, horas inolvidables de docencia en esta modalidad de bachillerato.
Precisamente, en último libro que he escrito14, aparece la siguiente dedicatoria:
A los profesores de nocturno del Ramón Muntaner —el instituto más antiguo de España—, que en tiempos de controversias educativas continuaron impartiendo la docencia utilizando metodologías estimulantes, afectivas y emotivas; y a sus alumnos —la mayoría repetidores de otros centros— que encontraron en el nocturno ayuda personalizada, afecto, comprensión y amistad.
El sueño de un buscador hecho realidad, ésta es la verdad última que JOM FRISER quiere hacer constar en su obra «Isomeries Poètiques». Su propio ser, impregnando la esencia de cada verso, de cada palabra, de todos los poemas. Su propia partícula divina, el valor absoluto e inmutable que trasciende a la muerte física y nos deja en el ámbito del mundo de la poesía una riqueza de excepcional sensibilidad y fuerza. Una efigie permanente, como él dice: «saecula saeculorum», eterna y para siempre. «Isomeries Poètiques» es un viaje que lleva al lector a despertar a su yo, interno y auténtico, para vivir una experiencia única desvinculada de lo que JOM FRISER llama el mundo máquina acelerado, nuestro ego o lo que nos han hecho creer que somos. Defensor de la luz, de la ruta y el camino, sobre todo de su amado «Camino del Norte», del Sol naciente, nos invita a vivir desde el corazón otra realidad dimensionada en el universo existente. Un espacio en el que el tiempo desaparece y no hay principio de causalidad ni deudas personales. Allí donde el dolor se ha descristalizado al superar su límite, donde la culpa no se refleja y tenemos la posibilidad de renacer como «un nuevo hombre nacido del Sol», dice el autor. Porque, como evoca el potente poema Tot Caurà /Si se pulsa el botón, no hay por dónde escapar, /No habrá nadie que salve El mundo de una tumba/. En ese preciso instante, el físico y poeta JOM FRISER se da cuenta de que sólo los taquiones, las partículas que sobrepasan la velocidad de la luz, sobrevivirían a la destrucción completa. Y es que, desde su fuero interno, consciente o inconscientemente, con estas reliquias versátiles y juegos de palabras, sencillamente nos dice que volvamos al Amor incondicional. En la integración con el Todo, como Dios o Razón divina que tan bien explica el físico y poeta de Sitges, David Jou. O el genio de Albert Einstein en su fórmula universal E=mc2.
En Isomeries Poètiques I el lector puede disfrutar de un joven JOM FRISER que /A mil kilómetros, / ¿Qué sientes ahora? /, nos inicia en el viaje, el descubrimiento y el despertar de la fuerza, saliendo de su área de bienestar a una Europa intrigante. Una etapa tan apasionante y romántica como es la juventud promovida por la jurisprudencia y dotada de pequeños pecados de ilusión a fuego de caldera. Enloquecidos por el dulce, el arrebato, el ritmo y la añoranza en la tierra. Pero es sólo en el origen de la inspiración, dentro del mismo proceso de creación, /En un solo instante /se juntan el universo y el autor..., /, que se encuentra el buscador, tal como reflejan los poemas En Un Instant y Entre. Y es por eso que no comprende, después de darlo todo, el desamor. Nos lo muestra en Una Equivalencia. Y, por suerte, existe el vino. En el poema Una Botella /destapa la botella / el personaje.../. Sin embargo, vuelve a confiar y a entregarse en Al Descobert, donde el erotismo de desnudez da lugar a delicados y elegantes juegos de palabras, /abre la rosa /sus pupilas / ahogadas de rocío.../.
Reiterativo hasta la extenuación a lo largo de toda su obra poética, remarca con rojo una dura crítica dirigida a los soberanos de la guerra y apuntala en Cantan los Niños un firme estandarte para listar las terribles consecuencias que se derivan. Una lucha egoístamente mal entendida de duelos rápidos y consuelos de risa. En lugar de una conquista por la Paz. A partir de ese momento el chico se va haciendo hombre. Perdida una parte importante de la inocencia, lejos de casa y dentro de un contexto histórico de una España oscura, que no va evolucionando tan rápido como él quisiera en cuanto a los valores, aparece un JOM FRISER más humanista, profundamente reflexivo y compasivo. Así lo luce en Todos los Otros en un claro orden de versos bien estructurados, rítmicos y melódicos que nos irán acompañando. Y en el uso de los opuestos /El calor, el frío, /el hambre y el dinero, / donde encuentra una nueva ecuación universal que mantiene su integridad, aunque está inmerso en el cambio constante. Aquí es donde se da cuenta del vacío existencial presente que refleja en el poema Tapant el Forat, de un cuadro que había pintado el artista en vida. La ruptura progresiva con el «Mundo máquina» le empuja a sentir la propia libertad interior y /Extiende las alas, /llenas de ondulada poesía, /vuela, vuela y vuela, / para llegar al clímax con el poema El Otro Astro, /—un Ay! — /encendería el Universo. /. En un «Tempus Fugit» estremecedor y contundente que JOM FRISER exprime en el poema Vivías, y ya cansado de buscar en El Vagabundo / Descanso... /Descanso... /, se identifica con el personaje. Y por primera vez vence el miedo a la incertidumbre, al tiempo que comienza un debate entre ciencia y fe en On. Queriendo ser liberado para entrar en el Paraíso / ¡Oh!, ¡cómo brilla el sol!, /y... ¡cuántos espejismos! /, se pregunta si el mal existe y nos dice: /Sólo hubo un profeta, /y sólo Él es genio /—no religión—/. Dicen que para Dios es la Gloria y para los hombres la Paz, pues, para JOM FRISER en La Ruta encuentra su espacio de Paz /en la bohemia, /y también en la poesía/.
De nuevo aparecen los recuerdos de su infancia en el pueblo de Borrassà, la reflexión del sonido de sus antepasados en Reverberaciones, la añoranza de una tierra libre y el renacer en el Amor. Todo para empezar de cero con humildad, /todos volvieron a ser caballeros.../. ¡Y llegar en Sentencias / al Resplandor! /. Una vez caído el velo o máscara en Ulleres, de una sociedad consumista y capitalista «non grata». De esta manera el autor toma conciencia en Me Di cuenta /que cada vez, /existo más/, volviendo al Ser, su única verdad. Allí la polaridad se funde.
En Isomerías Poéticas II JOM FRISER adentra al lector en el «Camino del Norte» para entrar en el Paraíso. En Portes, este buscador atrevido, nos lo hace saber al decir: /Ojalá estén abiertas /mañana, las puertas, /Puertas del Paraíso! /. Pero no será hasta el final de su discurso, que el autor, tomador de conciencia, cae en que el Paraíso tan ansiado está aquí y ahora en la Tierra. En este momento recupera la esperanza, de no ver tanta sangre derramada ni muertes, las cosas son más sencillas nos hace saber /—recuerdas— /nos daban, /la última parte / —la mejor parte—/ y es que para JOM FRISER /—Cuando el mundo muera, yo resucitaré— /Espero hoy ese viejo /y lo seguiré esperando/. A veces la vida es injusta, porque unos tienen tanto y otros tan poco, sigue pensando el poeta... pero la auténtica riqueza y abundancia es un hito interno, muy bien plasmado en el poema en El Pont Neuf.
/Cambió el tiempo, /el viento y la /brisa del mar... / para empezar nuevas isomerías. Rompiendo antiguos patrones y en el gusto a leche de cabra, /—recuerdo— / ¡Era aquella leche! /, se transporta a su Patria amada, patria de su corazón, entre inocentes canciones y rimas de niño, para dar salida a la tristeza de una realidad demasiado dura. Y allí se deja columpiar. La estancia en Londres le hace creer que tanta niebla no puede ser buena por el alma. El efecto in crescendo de onomatopeyas /Risssk!, rasssk! /Rassschk!... /—cae el árbol—/ y escenarios dibujados con el gusto a pequeños placeres de la vida /un sofá. /la barriga llena... / le van devolviendo a casa, /Se abrieron las puertas del paraíso, /y nació el amor, /la paz, /la justicia, /y empezó el mundo/. Y, por fin, el buscador se convierte en trovador, se va conformando como Ser infinito y finito / Me defino en existencia, / lleno de angustia, sediento de paz. / Tenía sed: /. Más convencido de la existencia de un Dios en sí mismo /Fue alguien /que hizo las puertas, / y con la presente presencia en Un Passat Sintètic, todavía, del propio pasado, da fe del cambio de la sociedad /Han cambiado /los tiempos, /las personas, /los oficios /y el nivel de vida... /.
En Isomerías Poéticas III el miedo persistente del poeta a perder el tiempo /Cabra por favor /dile al mundo máquina: /cabrón! / y el querer creer en una especie de Dios Cósmico que sustenta las galaxias y las estrellas, más allá de la evidencia, lleva al lector a desarrollar sentimientos y hechos, / queriendo encadenar / uno desencadena ... / Las cadenas de goma, /por fin, /te liberarán, /del mundo máquina, /y te conducirán /a las rutas del norte/. Como en una traca final de fuegos artificiales la adoración «in exelsis» a todo lo femenino; la mujer, su cuerpo, la madre, la tierra, la acogida... /Y, tus P, /tus I, /tus T, /tus S / PITS (PECHOS), lleva al lector al extremo de la emoción, en la pura creación. El poeta escapa del eterno ciclo del nacimiento y de la muerte en el poema Lanzar y Apuntar con los siguientes versos: /Y naces hoy... /y nacerás mañana, /y crecerás mañana, /y crecerás.../. Acepta la muerte, se da cuenta de que está en el paraíso / ¡Míralo!, ¡míralo! /eso es el paraíso... /Está detrás de ti, está delante de ti, /está frente a ti... /, y en el poema Dupea nos lo reafirma: /El paraíso se encuentra en las montañas. /No desciendas de ellas, /hazlo por nosotros/. Y finalmente se integra en el Todo, en el Amor elevado en el infinito exponencial, el de las montañas. Desde la poesía en el corazón.
La predicción de una especie de Apocalipsis y la advertencia detrás de cada poema de una posible destrucción completa, lleva a JOM FRISER, a construir un Mundo nuevo a partir de sí mismo y lo proclama a los cuatro vientos. Nosotros y nuestro querido planeta Tierra dependemos. Como amante de la naturaleza y ecologista de sentimiento nos recuerda lo que nunca debemos olvidar: «Somos peregrinos en esta tierra y se nos ha hecho un regalo maravilloso llamado Vida».
Montserrat Cufí Adroher (Figueres, 5 de febrero de 2016)
Hace tiempo que conozco a JOM FRISER. Repasando —antes o después de la lectura— el esbozo biográfico incluido en este libro, se podrá conocer que su labor profesional prioritaria ha sido la que la ha mantenido en las aulas a lo largo de 36 años como catedrático de Física y Química. Fue precisamente en una etapa de este largo período cuando lo conocí y traté —trato muy sencillo y afable el suyo— a la vez que tuve constancia de una incuestionable valía en el campo de la ciencia.
Por eso, aunque estas líneas deben ser el preámbulo de un texto literario, aquí he tenido la oportunidad de dejar escrito mi reconocimiento personal y no he querido obviarlo. Recuerdo —recordamos a menudo— su autodefinición desde dos vertientes muy distintas, que a mí me hacía gracia cada vez que lo decía: soy, decía, el último físico teórico y campesino, como una especie de presagio de dos mundos en declive. Nunca olvidaba añadir, con el orgullo de los modestos, este último detalle: campesino. Y es que no hace falta olvidar tampoco —hoy necesitamos más que nunca— el conocido verso de Raimon: «Quien pierde los orígenes, pierde identidad».
Pero JOM FRISER —y su alter ego— no es sólo un físico de primer nivel. Al cabo de un tiempo de acabar con su carrera docente —y después de vender el tractor— decidió que había llegado la hora de hacer otras cosas. Y estas otras cosas empezaron con un gesto entrañable y de un profundo reconocimiento, que venía a culminar una relación extraordinaria —me consta— en muchos sentidos: la publicación del libro «Medicina rural de guerra y posguerra. Biografía del doctor Josep Frigola Taberner (1915-2009)», que —aparte de unos interesantísimos datos históricos en torno a un período extremadamente convulso de la historia de España— constituye un verdadero homenaje, un homenaje muy sentido, a la memoria de su padre. Un libro en el que el léxico, la forma de decir, todo el texto en sí mismo son un reflejo de la manera de expresarse no sólo de la gente del Empordà, sino también la de un mundo mucho más pequeño —pero no por eso menos valioso— que JOM FRISER conoce de primera mano, el mundo de los campesinos. Y es que, volvamos a decirlo, ahora con una variante intencionada, quien no pierde los orígenes, no perderá nunca la identidad.
Pero sigamos. Si los documentos que sirvieron de base para la redacción de la biografía de su padre se mantuvieron guardados muchos años dentro de una caja de camisas, los poemas que conforman este libro también han sobrevivido largamente el paso del tiempo. Basta —para confirmarlo— con mirar las fechas de composición que encabezan los tres bloques poemáticos: las últimas décadas de los años sesenta y principios de los setenta. Isomerías poéticas —este es el título del libro— me ha parecido mucho más que un poemario de juventud. Sin negarle esta condición, un rasgo que bien mirado puede ser que lo haría incluso más meritorio, considero que constituye un excelente reflejo de un determinado momento y de una manera muy concreta de ver y vivir el mundo, y en el que incluso la misma forma —la forma externa, la métrica, la puntuación— refuerzan esta peculiaridad, siguiendo las corrientes y la manera de hacer de la época.
El propio JOM FRISER explica cuidadosamente el contexto histórico en el que surgieron los poemas, su situación personal en aquellos años a diferentes niveles, así como todo lo que fueron las influencias filosóficas, literarias y musicales que conformarían poco a poco su perfil más humano. Además, las notas explicativas a pie de página desvanecen prácticamente todo tipo de duda sobre su génesis. Por tanto, no considero necesario el adentrarme en este camino: nadie mejor que el autor para explicar cuidadosamente lo que le fue más cercano.
Por otra parte, la poesía, el grado de introspección de la poesía, la medida en que cada uno se identifica hasta sentirla un poco suya, es un tema ciertamente complejo y muy personal. Es por eso que lo que puedo y quiero hacer yo, es muy simple: desde una óptica absolutamente modesta, sin ninguna pretensión aleccionadora y por encima de la amistad y el cariño que me unen desde hace muchos años en J M F S —JOM FRISER—, sugerir el acercamiento a estas Isomerías poéticas con la voluntad únicamente de leer un texto a través del cual el autor ha querido, únicamente también, rememorar y mantener viva la memoria de unos años muy concretos de su existencia, vividos de una determinada manera, casi cincuenta años después.
(Lluís Martí Ramis, 2016)