El cinco de octubre de 2009 me di cuenta de que la puerta inmaterial que nos conduce a buscar el sentido de muchas cosas de la vida no es fija ni corredera, ni tan siquiera de hojas abatibles, sino que simplemente es giratoria. Ese día, en el preciso instante que se cerraban las puertas del horno crematorio para incinerar a mi padre, pude experimentar y comprobar, que se abrían otras nuevas, completamente diferentes e inmateriales, impregnadas de un cierto éter cósmico. Una de estas me llevó a escribir el libro «Medicina rural de guerra y posguerra» [1] después de descubrir dentro de una caja, todas las cartas manuscritas que se había carteado con mi madre durante un periodo largo de tiempo, principalmente en las etapas de antes de la Guerra Civil, durante toda la guerra —en la que estuvieron ambos separados por los dos bandos fratricidamente enfrentados— y los dos primeros años de posguerra. Sabía que estaban ahí, pero nunca, ni yo ni mi hermano, fuimos capaces de abrir aquella caja y desatar aquel cordel que las envolvía. Fue después de aquel cinco de octubre, después de abrir aquellas cartas que entré en una nueva dimensión.
Aquella misma puerta giratoria no impregnada de nostalgia, sino sujetada por el mismo éter cósmico, vital y puro de energía, experimentado en 2009, me condujo de nuevo a destapar otra caja que guardaba en la habitación de la alcoba de la casa esquinera, de cinco balcones con barandillas de hierro de Borrassà, la casa donde nací. La caja, en este caso, era una caja de camisas, que contenía tres libros de poesía que escribí entre 1967 y 1970; es decir, durante mi primera etapa universitaria —de diecisiete a veinte años—.
Eran ejemplares únicos no publicados ni editados nunca, escritos en castellano. El primer libro llevaba por título ISOMERÍAS POÉTICAS I y constaba de dos partes. Lo escribí en 1967 y eran un reflejo de mis viajes por el norte de Europa haciendo autostop. El segundo libro ISOMERÍAS POÉTICAS II lo escribí entre 1968 y 1969 (pasando por París «Mayo del 68»), también haciendo autostop, siguiendo las antiguas rutas europeas denominadas E4 y E6 y bajo el influjo de la poesía contracultural de la Beat Generation [2]. Los poemas del tercer libro los escribí en 1970, en el transcurso de un viaje por el norte de Italia. Aunque en un principio lo titulé: «Un Pasado sintético», finalmente las poesías quedaron configuradas como ISOMERÍAS POÉTICAS III. Los tres libros que contienen todos los poemas que redacté en aquellos años, fueron recopilados y mecanografiados en cuartillas de medio folio (157,5 × 215 cm) con una máquina de escribir Olivetti Lettera 22 que me había regalado mi hermano. Posteriormente fueron encuadernados con tapas duras por el linotipista y encuadernador Señor Casademont, que entonces tenía su taller en la calle Ingenieros de Figueres. Los tres libros se encuentran dentro de la caja de camisas mencionada. En el año 2016, después de cincuenta años de haber sido escritos, hice una versión reducida en catalán y los di a conocer [3] en un acto que se celebró en la Biblioteca de Figueres.
Durante la pasada y larga etapa de pandemia (COVID19), he tenido tiempo de abrir nuevas cajas —en este caso de zapatos— que contenían poesías de mi primera etapa de estudiante en el Instituto Ramón Muntaner de Figures (de catorce a dieciséis años), y también poesías manuscritas y dispersadas, escritas en Valencia entre 1971 y 1972, que nunca se encuadernaron ni publicaron. Aunque estas últimas formaban un conjunto poético que entonces denominé «Sin Fronteras (Sepionet)», se han incluido en el presente compendio literario como ISOMERÍAS POÉTICAS IV.
Ahora, con esta Antología Poética completa en castellano, —tal como originariamente fueron compuestos los poemas— salen a la luz por primera vez, en un solo tomo, totas las poesías manuscritas y se dan conocer dentro del mundo editorial.
El contexto histórico de las poesías escritas en la Ruta E4 [4], en formato de símil, habría que situarlo en el centro de un triángulo equilátero, bajo la influencia equivalente de sus tres vértices. El primer vértice giraría en la órbita de Mayo del 68 de París; el segundo, se movería alrededor de la contracultura derivada de los poetas de la Beat Generation americana que acababa de desembarcar en Europa de la mano de Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y otros —como he indicado antes—; y el tercero —como si fuera un polo magnético móvil— estaría impregnado del pensamiento teórico del filósofo Herbert Marcuse, que tanto influyó en los movimientos universitarios de protesta en la universidad californiana de Berkeley y que se extendieron por todos Estados Unidos.
En julio del 68 —con dieciocho años— pasaba por París de camino hacia el norte de Europa. Un póster de ese año que todavía tengo colgado en casa —y que figura en la portada de esta Antología—, resumía en cuatro palabras mi pensamiento de aquellos años: «L’imagination est notre liberté». Esta simple frase me hacía entrar en otra dimensión, al igual que la gravedad perturba el medio y nos conduce a mundos desconocidos. Y también, al igual que una determinada molécula, teniendo la misma fórmula empírica, puede presentar en el espacio una estructura diferente, y en consecuencia presentar propiedades distintas —isomería—; así se desarrollaba mi pensamiento cuando escribí estas primeras poesías.
Para que el lector pueda situarse cronológicamente en el tiempo y en el espacio, se presentan las poesías escritas entre 1964 y 1972, y las escritas en la última etapa —ya en el siglo XXI— que van de 2012 a 2023.
—¿Y qué pasó entre 1972 y 2012? ¿Por qué no aparecen poesías en esta etapa? A continuación, lo detallo.
En mi etapa de estudiante en el instituto mis asignaturas preferidas eran la Literatura (rama de Poesía) y la Física junto con las Matemáticas. Al entrar en la universidad en 1967, me decanté por los estudios de física, aunque la poesía siempre estuvo presente en mi mente. Después del viaje a Italia (1970), en octubre de aquel mismo año, comenzaba mi especialización en Física Teórica, llamada también FísicaMatemática en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia [5]. En la ciudad del Turia mis ídolos pasaban a ser Paul Dirac, Erwin Schrödinger, Werner Heisenberg, Albert Einstein, etc. Entraba de lleno en otro tipo de «poesía», con formulación matemática de exquisita elegancia y de gran precisión. Materias como Mecánica Cuántica, Mecánica Estadística, Electrodinámica Cuántica, Astrofísica, Mecánica Cuántica relativista, los espacios de Hilbert y los espacios topológicos configuraban mi mundo.
Ahora bien, en ningún momento dejaba mi pensamiento lírico y poético y también filosófico. Las nuevas corrientes filosóficas compaginaban muy bien con aquellas teorías cuánticas, con la astrofísica de fondo y la búsqueda de nuevas estrellas y galaxias. Entonces también me adentraba en el mundo de la programación algorítmica con pseudocódigo, que algunos ahora llaman «poesía de la computación».
A finales de junio del 72, fecha en que terminaba mi licenciatura y me nombraban profesor ayudante interino en el Departamento de Física Teórica en Valencia —entonces aún tenía que ir a la mili— fui a mi pueblo de Borrassà a descansar un par de semanas. En aquellas mini vacaciones —me di cuenta de nuevo—, que la reflexión de la luz no se queda en el espejo, sino que lo penetra y nos adentra hacia caminos inmateriales impregnados de un cierto magnetismo poético y a la vez cósmico. Lo comprobé al abrir una vieja caja que contenía, entre otros recuerdos, una colección de poemas que escribí en el año 1966 y que guardaba en la citada habitación de la alcoba. Los poemas, escritos en castellano y a mano, estaban dentro de una libreta de color azul —de aquellas antiguas—, con espiral de anillas. En la primera página de la libreta aparecía de forma destacada el sugerente título: «Del espejo al reflejo» [6]. Los cuatro primeros versos del primer poema decían esto:
Somos seres que existimos,
Somos la luz del espejo,
Somos seres con reflejo,
Somos la idea y partimos.
Al terminar los estudios me dediqué íntegramente a la docencia y a la investigación con el espíritu que nos habían preparado en aquella universidad: pensar, razonar y deducir con la premisa de que «la física está en la base de todo» [7]. Esta idea básica la he acompañado siempre de esta otra: «pero, la poesía es la que lo ilumina todo». El 23 de junio del 72, al recoger el título, me di cuenta de que, precisamente este, estaba expedido por la Universidad Literaria de Valencia. ¿Cómo? ¿Un título de Ciencias expedido por una universidad literaria? Parecía que todo cuadraba. Un estudiante de ciencias puras, con vocación poética, poseía un título en el que figuraba un nombre que lo abarcaba todo: «Universidad Literaria, que impartía, asimismo, estudios de Matemáticas, Física y Metafísica» [8]
Unos días más tarde, el 29 de junio de aquel mismo año, mientras buscaba estrellas y galaxias perdidas en el más allá, encontré una en el Ampurdán de nombre Etiam —léase al revés— que daba sentido a aquellas poesías olvidadas del 66: «Del espejo al reflejo para iluminar todo el universo, también». Etiam es una palabra latina que significa también. Por ejemplo, «Non solum... sed etiam (poetica es)», que viene a decir: no solo... sino también (tú eres poesía). A partir de entonces con Etiam compartimos la vida, y seguimos compartiéndola. En aquel momento, las poesías quedaron arrinconadas en las cajas de la habitación de la alcoba en Borrassà. Ya no hacía falta escribir más poemas. Ella —Etiam— era poesía, y sigue siéndolo.
En el último curso de la especialidad, pude profundizar en temas que siempre me habían fascinado. Si la Metafísica —que literalmente significa, más allá de la física—, como una rama de la Filosofía,
consigue explicar conceptos y el origen de las causas primeras —me pregunté—: ¿No será mejor buscar el «origen del todo» en la misma FísicaMatemática antes que en la Metafísica? Y, así es como, lentamente, mis pensamientos más trascendentes fueron evolucionando junto con la poesía. Lo comento en el siguiente parágrafo para que el lector lo pueda entender fácilmente.
En física se introduce el principio de causalidad para poder explicar el mundo que conocemos hoy. Es un principio fenomenológico sobre el cual todo gira, es decir, es un axioma que sustenta todas las leyes conocidas del universo. Su enunciado es este: «No se puede transmitir información física con una velocidad más rápida que la luz» [9], o, expresado de otra forma: «No hay salida de información física si antes no ha habido entrada de información física».
Pero ¿Qué pasaría si se violara este axioma, o no se cumpliera en alguna parte del universo? Los modelos físicoteóricos ya lo han previsto y estudiado con detalle. Aparecerían unas partículas llamadas taquiones, que nacen de la oscuridad más absoluta y, además, siempre se mueven en un espacio temporal con velocidades superiores a la de la luz. Todo un enigma. La posibilidad de que millonésimas de segundos antes de la Gran Explosión (Big Bang) estas partículas hubiesen existido, de acuerdo con algunos modelos teóricos que entonces estudié —y, en consecuencia, se pusiese en duda el principio de causalidad— me hicieron cambiar mi forma de pensar.
Al mismo tiempo, en aquel año pude profundizar sobre los teoremas de incompletitud de Kurt Gödel (1906-1978) y sobre todo con la llamada prueba ontológica de Gödel, que utilizaba la potente lógica modal para demostrar formalmente la existencia de Dios. Curiosamente, Gödel utilizaba una línea filosófica que ya había iniciado muchos siglos antes Anselmo de Canterbury (1033 –1109), conocida como la «Vía de San Anselmo» que habíamos estudiado en el bachillerato en la asignatura de Filosofía. En aquellos años en el instituto, además de la Física y la Poesía, la Filosofía era un tema que también me apasionaba. Recordaré —por un momento— que un grupo de estudiantes entonces nos reuníamos en el Bar de las Cuevas de Luis Candelas en Figueres, a altas horas de la madrugada, para discutir sobre las vías filosóficas que nos había explicado el profesor de Filosofía. En un reciente artículo que apareció en un semanario recordé aquellas reuniones [10]. Lógicamente ninguno de nosotros —entonces— conocía las aportaciones matemáticas de Gödel. Con todo ello, en el año 1972, la posible existencia de los taquiones, con la violación del principio de causalidad, más la prueba ontológica de Gödel, me hicieron alejar de los formalismos existencialistas [11]. Curiosamente, esta línea de pensamiento de buscar las fuentes en la Física (rama de Astrofísica) y, averiguar si hay algo que rige «el todo», parece que es la que ha utilizado recientemente el profesor Ramón Tamames, al escribir su nuevo libro «Buscando a Dios en el universo» de Erasmus Ediciones (2018).
Desde 1972 hasta 2012 me dediqué íntegramente en cuerpo y alma a la docencia y a la investigación en diferentes ámbitos: universitario, secundario y seminarios especializados en programación algorítmica.
Tras la muerte de mi padre (2009), y después de publicar el citado libro «Medicina rural de guerra y posguerra», empezó mi segunda etapa poética que se incluye en esta Antología. Corresponde a los «Poemas en un Mundo Máquina», «Poemas en un Mundo Heurístico» y «Poemas en la Nube Digital»
Conviene señalar, por otra parte, que la mayoría de las poesías escritas en la Ruta E4, fueron escritas dentro de un ambiente que se llamó entonces: «revolución contracultural».
Lo explico a continuación, para que el lector lo pueda entender de forma didáctica y situarlo cronológicamente. Primero, lo haré en forma de símil y, posteriormente, veremos los ingredientes que fueron necesarios a escala social.
El café irlandés —como conoce mucha gente— se prepara a partir de tres ingredientes: una base de whisky, un café hecho a máquina y, por encima, nata. El resultado es una disolución heterogénea, en la que los componentes están separados en tres capas inconexas y bien marcadas. Para saborear el café irlandés, se tiene que producir la disolución del
mismo, introduciendo una cuchara, seguida de un movimiento pausado y lento —factores externos—. El sabor —resultado de la mezcla— dependerá de la naturaleza y calidad de los ingredientes y del procedimiento utilizado en la disolución.
Especifiquemos a continuación, cuáles son los hechos aparentemente inconexos, de una mezcla heterogénea, que condujeron a las masivas manifestaciones contraculturales que se produjeron durante los años en los que el autor de este libro transitó por el norte de Europa y que tanto influyeron en la década de los sesenta y setenta.
a) Entre 1964 y 1966 se produjeron las primeras manifestaciones estudiantiles de protesta contra la guerra del Vietnam en la universidad californiana de Berkeley. Entre 1967 y 1968, las manifestaciones se extendieron por toda América y llegaron a Europa. Durante el verano de 1967, se produjo en San Francisco el llamado «Verano del Amor», una gran celebración de contracultura que, poco a poco, se transformó en cultura popular. Se crearon las primeras comunas en diversas partes del campus universitario en búsqueda de naturaleza y paz.
b) En 1967, el filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse (18981979) expuso sus ideas en las universidades de Berkeley y Berlín, tomando partido a favor de los estudiantes y proponiendo una revisión crítica del marxismo y, también, del concepto mismo de revolución, como se deduce de su ensayo «El final de la utopía».
c) En la década anterior —la de los cincuenta— se dieron a conocer un grupo de escritores estadounidenses, principalmente poetas, que configuraron lo que posteriormente se llamó Beat Generation. Incorporaban un discurso libertario y transgresor, sobre todo en el tema de la libertad sexual, que chocaba frontalmente con la moral y el conservadurismo de los Estados Unidos. Sus poesías sobre la liberación espiritual derivaron hacia una liberación sexual que actuó de catalizador en los movimientos posteriores de liberación de la mujer y de los negros y, sobre todo, en el ascenso de la contracultura. La obra «On the Road», de Jack Kerouac, y el poema «Howl» de Allen Ginsberg se convirtieron en el punto de arranque de este grupo y,
ambas obras, en unos textos míticos que llegaron a Europa en los años 60.
d) Entre 1963 y 1966, las canciones de protesta de origen folk contra la guerra de Vietnam, encabezadas por Bob Dylan y Peter Seeger, se fueron extendiendo de costa a costa por Estados Unidos. Canciones como Where have all the flowers gone (Peter Seeger), Blowin in the Wind (Bob Dylan) y Masters of war (Bob Dylan), marcaron toda una época. La introducción de la guitarra eléctrica de Bob Dylan en el festival de música folk de Newport en 1965 marcó un antes y un después en la historia de la música rock contemporánea. A partir de entonces, las canciones de protesta en versión folkrock se extendieron por Estados Unidos y Europa, dejando una marcada huella. Entre estas citaremos Eve of destruction (Barry McGuire) y Universal Soldier (Donovan).
Todos estos hechos, aparentemente inconexos y heterogéneos, como poesía, filosofía y música, vertidos dentro de un recipiente —sociedad americana puritana—, con unas condiciones externas —guerra del Vietnam— dieron como resultado un nuevo refresco, una eclosión espontánea de espuma multicolor llamada «contracultura».
En otras condiciones, los poetas de la Beat Generation y la filosofía de Herbert Marcuse, que impartía en las universidades de élite de Estados Unidos, hubieran sido como una mezcla de agua y el aceite.
Estos movimientos de protesta llegaron a Europa, concretamente a las ciudades de Berlín y París, desencadenando un gran movimiento contracultural. De la misma forma que la cerveza y la gaseosa, sin factores externos aparentes, originan un nuevo refresco y provocan una eclosión de espuma. En «Mayo del 68», en París, esta espuma se llamó simplemente «revolución intelectual», que condujo a una insurrección de carácter político y revolucionario que hizo tambalear el poder.
Por otra parte, conviene tener presente la influencia de los movimientos de libertad sexual inspirados en Sexpol (política sexual proletaria). La película sueca I «Am Curious (Yellow)» de Vilgot Sjöman del mismo 1967, que pude ver en Estocolmo, fue entonces un referente. Fue considerada como una película mítica de la revolución sexual y de la contracultura de los años 60. Hoy es considerada una película de culto y una de las películas más controvertidas del cine.
Estuvo censurada y prohibida en muchos países. En Estados Unidos, en 1967, el puritanismo americano calificó su contenido de pornográfico y no pudo proyectarse en los cines hasta al cabo de unos meses, después de diferentes apelaciones. Aquí, en el nuestro, no llegó hasta ya entrada la Transición (1978), proyectándose en unas pocas salas de arte y ensayo.
Curiosamente, mientras esto ocurría fuera, en nuestro país se seguían impartiendo clases en grupos separados por sexo. Y en algunas piscinas públicas, como fue el caso de una de Zaragoza, la separación entre chicos y chicas era obligatoria y en la que, incluso, los bikinis estaban prohibidos. Recuerdo que se produjo una protesta en la piscina Stadium Venecia que condujo a lo que se llamó entonces «guerra de los bikinis». La pancarta «Queremos Biquinis» pudo verse en muchos medios de comunicación. Con ese panorama, la salida hacia el norte de Europa fue para mí una liberación.
Asimismo, conviene señalar una frase de André Breton dentro de aquel Mayo del 68: «La revuelta y solo la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor». Estas tres palabras mágicas han formado parte de todos mis escritos poéticos. En todo caso, cronológicamente hablando, los poemas que escribí en los años que van de 1967 a 1970, podrían enmarcarse en la etapa o generación que algunos han llamado del «68»
Las poesías escritas entre de 2012 a 2023 hay que situarlas en otra esfera que señalo a continuación.
Estuve muchos años —más de cuarenta— programando y diseñando algoritmos en pseudocódigo, que algunos ahora llaman —como indiqué antes— «poesía de la computación». Los ordenadores experimentales que utilizaba entonces eran máquinas de comprobación, y estaban «esclavizadas» por la imaginación y la libertad que me proporcionaba el conocimiento científico, matemático o literario. Y ahora, parece que sucede lo contrario, es el hardware robotizado el que intenta esclavizar la mentalidad de la gente.
Cuando contemplaba las manifestaciones de Movimiento 15M de Madrid (mayo de 2011), también llamado entonces «Movimiento de los Indignados», me pasaron por la cabeza aquellos años en los que transité por la Ruta E4 en dirección al norte de Europa. Viendo las manifestaciones de Madrid —con más de un veinticinco por ciento de paro en el país—, me pregunté enseguida:
—¿Dónde están los sindicatos?
—¿Dónde están los filósofos de la teoría crítica?
—¿Dónde están los nuevos, ¿Paco Ibáñez, entonando fuertemente el poema «la poesía arma cargada de futuro»? ¿Dónde están? [12]
Algunos periódicos de la prensa extranjera —especialmente de EEUU— llamaron al movimiento de los indignados de Madrid: «Spanish Revolution». Enseguida pensé:
—¿Qué es esto, una broma americana?
Era evidente que aquí no había ninguna revolución, ni nada que se le pareciera, pero lo entendí. Posiblemente, al periodista que le puso ese nombre debía quedarle demasiado lejos aquel «Mayo del 68», si es que lo vivió. La posible «Spanish Revolution» teóricamente solo era viable juntando estos tres ingredientes: postulados filosóficos entendedores, poetas arraigados en las capas sociales bajas y cantautores críticos con el sistema establecido, y ninguno de ellos apareció ni se les vio el 15M. Comprendí entonces que el recorrido previsible de aquel movimiento sería corto y que sería manipulado fácilmente por una parte de la «beautiful people» que se había instalado en la plaza del Sol de Madrid, tal y como ocurrió.
A partir de entonces (2012), —como he indicado anteriormente— fue cuando empezó mi segunda etapa poética.
Con esta introducción he intentado cronológicamente situar al lector en las etapas en que fueron escritas las poesías «En la Ruta E4» que figuran en esta Antología, y también las escritas en la segunda década del siglo XXI. En total son ocho capítulos. En algunos de ellos, antes de empezar los versos, he adjuntado unas notas complementarias con el objetivo de ubicar temporalmente el poemario.
Por otra parte, en este compendio —como he indicado— también he incluido los primeros poemas (simétricos) escritos entre los catorce y los dieciséis años (19641966). De momento, todos los originales escritos a mano, siguen en la caja de cartón en la habitación de la alcoba de la casa del Carrer de Baix número 3 de Borrassà.
Finalmente, tengo que reseñar que, al hacer esta recopilación, he insertado en algunas ocasiones unas notas al pie de página con el propósito de facilitar al lector la situación cronológica o geográfica de algunos poemas.
No conocemos el futuro, pero con los años, cuando entonces estemos en otra dimensión cósmica, —muy probablemente, como ha ocurrido en otros casos—, los citados manuscritos, acaben en un contenedor de escombros o de basura, para ser incinerados en un vertedero. Por esto, los he incluido en esta edición, con el deseo que el conjunto de esta «Antología Poética» no acabe en alguno de aquellos contenedores y pueda ser leída, interiorizada o saboreada —en alguna biblioteca—, por un posible lector anónimo. Si Dios quiere, ahí estarán.
Jom Friser. (Figueres, marzo de 2023)
NOTAS:
1 «Medicina rural de guerra y posguerra: Biografía del doctor Josep Frigola
Taberner (1915-2009)». Libro de 370 páginas en formato 17x24. Brau Ediciones
(2014).
ISBN 978-84-15885-15-3
2 Formada por Jack Kerouac, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Gregory
Corso, Philip Lamantia y otros.
3 Isomeries Poètiques (1967-1968-1969-1970). De la contracultura a la física teóri
ca. Libro de poemas de 275 páginas en formato 17x24. Contiene dos prólogos, una
introducción, un análisis del contexto histórico y un post scriptum, además de
veinte fotos de la época. ISBN: 978-84-608-5552-1 (2016). Versión en catalán.
4 En la antigua numeración de carreteras (anteriores a 1992) la E4 era una ruta que
atravesaba Europa occidental llegando hasta Dinamarca, Suecia y Finlandia. En
Suecia aún continúan con esta nomenclatura.
5 Conviene reseñar que, por entonces, la Universidad de Valencia era de los pocos
centros universitarios donde se podía cursar la especialidad de Física Matemática,
dentro del Grupo Interuniversitario de Física Teórica (GIFT). Al mismo tiempo,
era uno de los mejores centros de esta doble especialidad que se podía cursar en
España.
6 Entonces tenía 16 años y cursaba sexto curso de bachillerato de ciencias en el
instituto Ramón Muntaner de Figueres. Todas las poesías escritas con rima de
ocho sílabas aún continúan dentro de la caja.
7 Con motivo del año mundial de la Física, en el póster del 100 aniversario de
conmemoración de la introducción de la relatividad por Albert Einstein (2005),
explícitamente se volvía a recordar esta frase como punto de partida.
8 Una real cédula de 1787 ordenaba que en la Universidad Literaria de Valencia se
impartiesen estudios de Matemáticas, Filosofía y Física
9 La velocidad de la luz en el vacío es una constante universal que se representa
por c. Su valor es c = 299792458 m/s, que se aproxima por c = 3.108 m/s. A partir
de este valor se define una longitud llamada año luz que vale 9,46·1015 m/año
(distancia que recorrería la luz en un año).
10 Jom Friser. La demostració de l’existència de Déu al bar «Las Cuevas de Luis
Candelas». Homenatge a Pep Subirós (1947-2016), Jordi Dagá (1950-2016) y Si
mon Bosch (1947-2018). Setmanari Hora Nova número 2638 de 16 de novembre
de 2021. Figueres.
11 Y me acercaron a pensamientos de inspiración cristiana que he compartido con
Etiam
12 «La poesía es un arma cargada de futuro» es un poema de Gabriel Celaya, al
que magistralmente puso voz y música el cantautor Paco Ibánez. El disco doble
«Paco Ibáñez en el Olympia de París» (1969), fue todo un referente de protesta en
el tercer franquismo.